domingo, 26 de febrero de 2017

EL ULTIMO ENCUENTRO DE SÀNDOR MÀRAI

                                                             
                                                  


Me gustaría hacer una pequeña introducción sobre la vida del autor, novelista, periodista y dramaturgo, antes de iniciar la reseña de su obra El último encuentro.
He leído cinco de sus historias, de las que están traducidas al español:

  • Confesiones de un burgués.
  • Tierra, Tierra
  • La mujer justa
  • La extraña
  • El último encuentro

Sándor Márai nació en una pequeña ciudad de Hungría en el año 1900, en el seno de una familia burguesa de origen sajón, cuando aún existía el imperio Austrohúngaro.
Escribía en húngaro, ya que se sentía muy orgulloso de su idioma, aunque empezó haciéndolo en alemán. Se le llegó a comparar con Tomas Mann y Stefan Sweig.
Con la invasión de la Unión Soviética y la implantación del comunismo en su país, toda su obra fue prohibida y tendrían que pasar muchos años para que de nuevo se volvieran a reeditar sus libros.
Vivió en Suiza, París, Budapest e Italia, al final se trasladó a Estados Unidos, donde le fue concedida la nacionalidad.
Unos meses antes de la caída del muro de Berlín y cuatro años después de la muerte de su esposa, se suicidó pegándose un tiro en febrero de 1989.
       
<<Cómo se transforman los rostros cuando están escuchando música>> Estas palabras del protagonista que pudieran parecer un sinsentido, para las personas que la aman, pueden llegar a ser todo un referente y un modo de vida.
He creído oportuno empezar la reseña con una frase significativa de los sentimientos que afloran continuamente a lo largo de la trama de esta historia, que más bien, se la podría denominar: monólogo, ya que, aunque en la novela intervienen varios personajes, y son descritos en los primeros capítulos, para darnos a conocer su ascendencia, su forma de entender la vida y sus aficiones. No creo relevante hablar mucho de ellos. Y es que uno casi los olvida, a pesar de su presencia continuada, debido a la potencia de los dos personajes principales.
La historia transcurre en un viejo castillo de Hungría donde se reúnen a cenar, después de cuarenta años sin verse, dos amigos que durante veintidós fueron inseparables. Los dos de diferentes estatus sociales. Desde el mismo instante en que se conocieron, sintieron que sus vidas habían quedado unidas para siempre por la amistad. La relación más intensa que puede existir entre las personas, según palabras del protagonista.
Sándor Márai describe con excelente maestría tanto los paisajes y los protagonistas, como la época y costumbres en la que transcurre la novela. A medida que nos adentramos en la lectura, el autor va narrando como un día y sin remedio posible,  se produce la traición de esa profunda amistad, mediante el romance amoroso entre la esposa del protagonista y el amigo. Por ese motivo, el primero se encierra en su casa y en sí mismo, incluso abandonando a su esposa y no volviendo a hablarle ni en la hora de su muerte, a la espera de que el segundo, que ha huido sin darle explicaciones, vuelva  y entonces, pueda exigirle la verdad.
La prosa que utiliza el autor es clara, sencilla y realista, en la cual quedan reflejados sentimientos de amor, odio, celos, rencor y venganza, que se pasean en un continuo  in crescendo a medida que transcurre la conversación de los antiguos compañeros, casi hermanos, para llegar al final, cuando ya no quedan palabras que decir, ni rencores que alimentar al perdón por ambas partes, reconociendo el protagonista que —existen pasiones imposibles de controlar por el ser humano—. Llegado este momento, ni siquiera necesita que el amigo le dé su versión de lo ocurrido tantos años esperada, pues a lo largo de la conversación, en la que éste apenas dice unas palabras, ha entendido la verdad que siempre ha estado buscando.
El autor trasmite a la perfección la importancia de lo que significa una amistad verdadera, que se ve truncada por otros sentimientos, quizá más fuertes, como puede ser, el que provoca la música en seres que viven por y para ella. Seres que nunca se sienten solos si la tienen a su lado envolviendo sus vidas y que nada más pueden compartir entre quienes tienen su misma sensibilidad.
A lo largo de la conversación, el protagonista va dando respuesta a las preguntas que se ha ido formulando durante tantos años al no entender —cual fue la fuerza que pudo unir a dos de las personas más importantes de su vida— y que él no había podido compartir, ni siquiera sospechar, dado que odiaba la música y por ello no prestaba atención a lo que estaba ocurriendo a su alrededor.
<<Y como la música no tiene ningún significado que se pueda expresar con palabras>>, se pregunta continuamente si acaso ese sentimiento que el desconoce es más importante que la amistad.
Después de todos los años que ahora considera perdidos, está convencido de que muchas veces en la vida, las personas se empecinan en quedarse atascadas para no dar su brazo a torcer, por orgullo, miedo o cobardía y no piden ni dan explicaciones cuando es la hora. Una vez llegados a la vejez, es cuando hacen la reflexión que debieron permitirse a su debido tiempo, y aunque ya es demasiado tarde, no lo suficiente como para reconocer que se estaba equivocado y que la culpa no es de una persona sola, sino que cuando se produce una traición, intervienen diferentes factores en la actuación de cada una de ellas.
Así pues con la lectura de El último encuentro, el autor nos invita a entender la importancia de compartir la pesadumbre que en un momento determinado de la vida, puede llegar a ofuscar al ser humano y que al final, solo son trabas que uno mismo se pone en el camino.
En conclusión, este libro de Sándor Márai es altamente recomendable para mantener la mente abierta a todas y cada una de las situaciones que se pueden presentar en el devenir diario.

lunes, 6 de junio de 2016

OTRO PASO


Cuando me presenté al concurso en Diversidad Literaria, debía hacerlo con un microrrelato donde quedaran reflejadas las palabras Otoño o Invierno. Anunciaban que si era elegido, éste se incluiría en un libro recopilatorio.

Le di muchas vueltas pero al final me atreví, ¿Quién dijo miedo?, lo escribí y lo envié, -con prisas porque se acababa el plazo de presentación- Sería mucha casualidad que escogieran el mío, y me olvidé por completo del asunto,

Unos días después me acordé de nuevo y pensé: A ver, ¿tú querías publicar tus escritos o no? pues por algo hay que empezar. El primer obstáculo ya lo había superado haciéndolo en un blog colectivo y el segundo, con el mío propio. 

Una mañana, recibí un correo electrónico en el que se me comunicaba que estaba dentro de los seleccionados. No me lo podía creer y di un salto de alegría. Me sentía eufórica, aunque también debo reconocer que tuve dudas: ¿y si era un bulo?, Internet es tan inmenso y a veces se dicen tantas cosas, que hubo un momento en que pensé no pedir el libro.

Nunca he sido una persona que se escondiera de nada ¡Ya sé que he tardado un poco con esto de las letras! Pero aquí estoy ahora con mis relatos y poesías, y me complace lo mismo si los leen miles de personas en todo el mundo o solamente algún amigo, yo por lo menos disfruto haciendo lo que me gusta.


¡A lo que voy! que al final me hice con el mencionado libro y fue fantástico ver mis primeras palabras impresas en él.
Llegados a este punto estoy esperanzada en que algún día pueda publicar uno propio, es un deseo largamente ansiado, soy soñadora y muy tozuda, así es que estoy empezando a pensar que alguna vez lo conseguiré.

Tengo hijos, una vez planté un árbol y me falta el último punto del dicho.

Esta fue mi primera poesía:


DESENCANTO

Esperaba sentada en el andén, observando las hojas que caían.
El otoño llegó sin avisarme; mi corazón poco a poco se moría.
No volviste en aquel tren que tanto ansiaba; pasaste de largo y me olvidaste. 
En invierno quizás regresarías; yo no estaría allí para acogerte, 
Pues con el frío y la lluvia me alejé, Con el alma solitaria y encogida.





Y como me gustó la experiencia me volví a presentar, ahora ya son dos los libros en los que he publicado. Posiblemente alguien pueda pensar que la cosa no tiene importancia, pero para mí sí que la tiene, pues cuando los veo en mi biblioteca al lado de todos esos tomos que me van acompañando en mi vida, siento una gran emoción.



La segunda vez el tema debía tratar sobre alguna tragedia, me puse manos a la obra y salió esto:


INSTINTO MATERNAL


Extasiada, contemplaba el profundo barranco, de las montañas azules en los Picos de Europa.
Las piernas le temblaron; un hormigueo incontrolable ascendía por su estómago.
Algo hizo que se girase como un resorte y pudo entrever con ojos horrorizados, como su hijo acababa de atravesar la barrera de protección del mirador.
Nadie se dio cuenta; solo su instinto de madre provocó que un aleteo hiciera brincar su corazón.
Lentamente, volvió sobre sus pasos y, apenas sin respiración, lo agarró por las axilas y lo apretó contra su pecho.
El olor de la tragedia había pasado de largo.

domingo, 1 de mayo de 2016

LA PRIMERA ESTRELLA DE LA NOCHE


La historia que nos relata Javier Diéguez  Suárez, con sencillez, sin entrar en palabras ni frases rebuscadas; es parte de la vida de su amiga Nadia Ghulam. Una joven de Kabul, Afganistán, que sufrió experiencias terribles cuando era niña durante las guerras que asolaron a su país, tanto civil como durante el régimen talibán y que revive en un viaje de regreso.

Nadia nos conmueve cuando explica cómo vuelve a su tierra procedente de Badalona, donde vive desde que  una ONG la trajo a Cataluña; para operarla de las múltiples heridas recibidas al estallarle una bomba en su casa y como posteriormente fue acogida por una familia, que la trató en todo momento como a una hija más.

Cuando viaja a su país al entierro de su tía, busca al resto de la familia de la que no se tienen apenas noticias, les ayuda a salir un poco de la extrema pobreza en la que se encuentran, y sobre todo quiere reencontrarse con  su prima Mersal, con la que en muchas ocasiones, contempló LA PRIMERA ESTRELLA DE LA NOCHE, nombre que da título al libro.

A su llegada, después de un viaje bastante accidentado, sus padres aún la siguen tratando igual que antes de marcharse, ya que tuvo la valentía de vivir durante diez años disfrazada de chico para poder mantenerlos, pues las mujeres tenían prohibido trabajar y su padre estaba incapacitado.

Así mismo a través de sus palabras comprendemos lo que significa para ella la vuelta a sus raíces, que descubre con fuerza cuando está allí.

A pesar de que vive entre dos culturas tan diferentes, ella nos muestra  la similitud existente en la lucha de las mujeres, independientemente de que país procedan en lo que se refiere a dignidad y sobre todo a la protección de sus familias.

Probablemente en esta reseña no seré ni objetiva ni crítica como me pidió el autor, pero la primera impresión que tuve cuando recibí el libro, fue de una gran emoción, al comprobar que estaba escrito por una persona tan cercana, sentimiento que se mantuvo cuando acabé de leerlo.

Y no lo seré porque no es necesario, el libro está escrito como a mí me gusta, es una historia real, muy dura, pero real, y tanto Javier como Nadia han sabido mantener mi atención desde la primera página con la carta al lector del escritor, hasta la última.

¿Y por qué no? Tampoco ocultaré la satisfacción que sentí el día que los dos juntos me hicieron la dedicatoria.

Seguro que Nadia regresará a su tierra para poder aplicar los conocimientos que está adquiriendo en el nuestro.

Ojalá algún día, todos los niños del mundo y especialmente los que están padeciendo en la actualidad tanto desamparo, puedan contemplar en libertad esa estrella en sus propios hogares.

miércoles, 27 de abril de 2016

LA SOLEDAD DEL ALZHEIMER





Difícil mantenerse impasible ante tanta soledad, silencio no buscado, ni pedido, ni deseado, pero hallado un día por sorpresa y del que nunca más habrá tiempo, ni oportunidad para desprenderse.

¿Qué significan esas sonrisas sin vida?
¿Por qué casi te traspasan fijos sus ojos, esperando los tuyos?
¿Qué sensación produce tu mirada en ellos? 

En la mayoría de las ocasiones ni tan siquiera sabes si miran, o es un acto reflejo de sus mentes confundidas.

Son momentos terribles y desgarradores que a veces tratas de acortar, para evitar sumergirte en un latente sufrimiento que se queda impregnado en la piel y en el cuerpo entero. Apelas a la invulnerabilidad, para  resistirte a la primera  intención, que es abandonar a toda prisa ese entorno tan desolador.

Pero los sentimientos son incontrolables y no sirve de nada negarse a ellos, pues cuanto más deseas alejarte, más te agrietan y te rompen, dejándote hecho  trizas, hasta que con un gran esfuerzo, logras apartar de la mente tan doloroso trance para conseguir permanecer en su compañía.

Miras a uno y a otro, ¡se hace muy duro observarlos por separado!, pudiendo casi descifrar como eran sus vidas anteriores. Sentir como al hacerles una caricia, te premian con una sonrisa que se queda impregnada en la piel; cuentan retazos de sus recuerdos más preciados, de esa vida que les ha cerrado las puertas de la memoria.

De pronto murmuran: ¿Quién eres?  Y explican un hecho que ocurrió hace años, del que te haces eco, como si  lo hubieses presenciado,  te introduces en la conversación y al poco rato estás a la deriva, como ellos. Lamentas su tristeza, cuando sin darse cuenta sacan a la luz, secretos que han guardado toda su vida, pero son recuerdos tan sublimes que ni siquiera la innombrable maldita enfermedad ha conseguido arrebartarles.

De vez en cuando alguien te toma de la mano y canta una canción, entonces notas un nudo en la garganta al escuchar de sus labios un pequeño suspiro, le acompañas en la melodía y al acabarla, un aplauso le hace sonreír. Con disimulo, giras la cabeza para ocultar una lágrima que desciende por tu mejilla sin poder retenerla.

Intentas comprender:  ¿por qué ya solo les queda eso?, pero es algo imposible de lograr. Y abandonas el lugar con el desánimo reflejado en el rostro y en el corazón. Casi todos levantan la mano para decirte: Hasta pronto, e incluso alguno lanza un beso al aire. ¡Imposible dilucidar si realmente tú eres el destinatario!

Cuando se lleva tanto tiempo visitándolos, cada uno de ellos  acaba convirtiéndose en un miembro más de tu familia, algunos con tanta intensidad que el día que faltan, algo se te rompe dentro,  y no solo les lloran los suyos, les lloras tú también; y en silencio pronuncias: “A revoire”, como  le gustaba despedirte los domingos por la tarde.

Un día cualquiera al llegar, las personas que les cuidan comentan  que alguno de ellos no se ha despertado. A pesar de la tristeza que te invade, en el fondo del alma te alegras y piensas que era lo mejor qué podía ocurrir:

Pues qué sentido tiene vivir una vida sin sentido.



jueves, 14 de abril de 2016

LAS JUGADAS DEL WHATSAPP



María José se encuentra sentada en su despacho, desde donde puede observar a todos los trabajadores de su  Notaría, a la misma vez que a las demás personas que pasan por allí. En esos momentos está  repasando unas escrituras que debe tener preparadas para el día siguiente, cuando su cliente con el que se ha citado a las doce de la mañana, se presente  a firmar. Está tan enfrascada en la lectura que al escuchar  el sonido que produce la entrada de un mensaje en su móvil  piensa: 
—Ya lo veré después— y lo olvida al instante.
Al acabar su trabajo, recuerda que no ha mirado el teléfono y decide que ha llegado el momento, y lee:

Buenos días Javier, me voy adaptando bien a las plantillas y sigo tus consejos al pie de la letra, aunque me van mejor en los zapatos, —se nota lo que has rebajado—, el problema surge  al meterlas en las botas porque se dobla la punta y cuesta mucho que entren; eso toca las narices cuando vas corriendo, pero  tiene solución con  paciencia. Lo que me preocupa más son los dolores articulares desde el cambio. El osteópata dice que tendríamos que revisar los apoyos. ¿Tú qué opinas?

María José pone cara de circunstancia y le responde a su amiga Toñi:

¿Qué dices?

A lo que ésta contesta: No entiendo tu pregunta,  ¡explícate!

De nuevo María José  escribe: Creo que te has debido equivocar, de todas formas si es un escrito de esos que corren por whatsapp, lo volveré a leer con paciencia a ver si le encuentro la gracia.

Al momento Toñi contesta:

—Perdona, me acabo de cambiar el teléfono  y tengo los números liados  ¿eres el podólogo?—

—Nooooo, soy tu amiga María José. 
                  
—Ostrasssssss, Madre mía la que he liado.

Javier Martínez, es un podólogo de reconocida reputación  en la gran ciudad donde vive Toñi, tanto por su trabajo como por su honradez, la cual siempre ha quedado demostrada con hechos.
A las diez de la mañana se encuentra almorzando con su esposa en una elegante cafetería del centro, son un matrimonio perfecto y siempre hacen un descanso en sus trabajos para verse. Él tiene el móvil sobre la mesa, cuando el sonido le advierte de que le acaba de entrar un mensaje; su esposa ni corta ni perezosa y con la confianza que les caracteriza, lo toma  y lee:

Buenos días cariño mío ¿cómo estás? No sabes la alegría que me diste anoche cuando recibí tu llamada, creía que te había perdido; no me contestabas al teléfono y la verdad, no veía motivo alguno para que te despidieras de mí de esa manera. Sabes que te debo mucho, que has cambiado mi vida en pocos días, que te admiro por  ser cómo eres, para mí la persona más especial del mundo y no digamos nada de tu originalidad y sabiduría, ya quisieran muchas personas parecerse a ti, 
¡mi cielo!. 
Eres la caña y un sol para mí. Llenas mi corazón de alegría con tu presencia y soy feliz  cada vez que nos vemos.  Mi  vida había perdido el sentido hasta que tú me abriste la ventana por la que entró aire nuevo. Mis ilusiones se perdieron unos días antes, cuando se me cerraron todas las puertas del futuro. Gracias por seguir ahí, sabes que te quiero y que puedes contar conmigo para lo que necesites, cuídate y hasta pronto,  Muakkk.

Como es natural a la señora Martínez estaba a punto de darle un patatús. El podólogo rojo como la grana no entendía nada. Por más que su esposa le preguntaba, él no salía de su asombro ni sabía quién era la persona que le dirigía aquellas palabras.
   
Mientras tanto las dos amigas han seguido enviándose mensajes:

—Nena—, le dice la una a la otra, —he equivocado los mensajes y no te quiero decir lo que te escribía a ti, te daba las gracias por lo que has hecho por mi marido y por mí,  por lo que te estaremos eternamente agradecidos y que debe haber recibido el podólogo al que solo he visto en dos ocasiones, pensará de mí que soy una fresca desvergonzada—; y le explica con pelos y señales el mensaje que le ha enviado al  doctor. 
— Desde luego ya no puedo volver más por su consulta.

María José se pone en el lugar del médico y arranca a reír a carcajadas. A través de los cristales sus empleados y clientes la miran creyendo que se ha vuelto loca,  mientras su amiga desesperada no sabe cómo arreglar el entuerto.


sábado, 12 de marzo de 2016

EL PASO DE CEBRA Y EL FAMOSO PINTOR



Dicen que soy una fanática de la fotografía, porque siempre llevo la cámara a cuestas y retrato todo lo que veo, aunque en aquella ocasión valió la pena mi obsesión.
Me encontraba parada en la acera a punto de cruzar el paso de cebra, cuando al frente divisé a un pequeño que tiraba de la falda de su madre, esperaban a alguien, lo imaginé por el estado de ansiedad que denotaban sus miradas hacía izquierda y derecha de la calle.
Coloqué el objetivo en mi ojo y me disponía a disparar para hacer una instantánea del edificio modernista contiguo a ellos. De pronto un ruido sordo hizo que la inercia desviara mi mano unos centímetros y la foto que pude revelar al cabo de unos días en mi estudio no tenía nada que ver con lo que había enfocado.
Tampoco tuve tiempo de pensar en nada más, pues a mis pies vino a caer un chico de unos quince años de edad, lanzado por un golpe fatal. No había nadie más en la calle, la mujer y el niño habían desaparecido y en mis oídos resonaba el horroroso sonido que produjo el choque de un vehículo con la persona que se encontraba malherida tirada en el suelo.
Inmediatamente saqué mi teléfono móvil y llamé a una ambulancia, mientras tanto guardé la máquina en el bolso y empecé a hablarle a aquel chico que llorando llamaba a su madre.
Me desplacé con él al hospital y desde allí avisaron a su familia.
Cuando llegaron, se acababan de llevar a José al quirófano y al cabo de un tiempo interminable apareció un médico para informar a sus padres, que no habían podido salvarle la pierna derecha.
La madre se abrazó a mí y con llanto en los ojos, no cesaba de darme las gracias por haber ayudado a su querido hijo.
Al día siguiente en las noticias pude ver como desde la central de policía solicitaban que si alguien había podido ver el atropello, llamara al número de teléfono sobreimpreso en la pantalla.
Me personé en la comisaría e informé de lo que había visto. Nadie más lo hizo y no se pudieron esclarecer los hechos.
Al cabo de unas semanas, paseando por la calle di con un cartel en el que se anunciaba la inauguración de la exposición de un reconocido pintor, en el museo de la ciudad. Faltaban dos días, me pareció interesante, por lo que decidí que iría  con mi máquina y haría algunas fotos.
Había olvidado por completo revelar el carrete que llevaba en el bolso en el momento del accidente.
Entré en mi cuarto oscuro y lo hice, para sacar las que me habían quedado atrasadas de otros eventos, y así tener la máquina disponible. No podía imaginar la sorpresa que se encerraba allí, entre todas encontré una que me dejó helada.
Se veía como un despampanante deportivo, sin respetar el paso de cebra, lanzaba al aire al joven que pude socorrer aquel triste día y huía sin ni siquiera echar la vista atrás.
Llegado el viernes a las ocho de la tarde, todo está preparado para el gran evento, se abren las puertas del museo, dentro está lleno a rebosar de personalidades que celebran el acontecimiento ¡por suerte nadie repara en quien entra o sale!.
Me subo al atril desde donde hace unos minutos ha hablado el alcalde.
—Silencio por favor— reclamo.
El público se gira y me miran con cara de bobos.
A mi derecha está situado el jefe de policía, a la izquierda se encuentra José en una silla de ruedas.
Todos los asistentes con su copa de cava en la mano, no entienden que pretende hacer aquella mujer.
Saco la foto, que he ampliado en color y aparece el famoso pintor dentro de su vehículo, que sin inmutarse sale disparado cuando ve la atroz barbaridad que acaba de cometer.
Sin pérdida de tiempo es esposado y detenido.
A su lado con cara de espanto su esposa y su hijo lo miran;-son sus cómplices-
Ahora ya nadie se burla de mi afición a la fotografía.



domingo, 7 de febrero de 2016

AUTORES INDIES

Cuando mi amigo me comentó que tenía dos libros publicados en Amazon, pero que no estaban en papel, enseguida me compré una tablet para entrar en ese mundo desconocido para mí, es decir el de los escritores que tienen que hacer ellos solos todo el trabajo. Muchas personas me hablaban del ebook, pero yo me resistía a cambiar, pues lo que me gusta es tener los libros en mis manos.
Escribe con un seudónimo J.A. BECKETT y por supuesto sus dos historias fueron las primeras con las que me hice.

LA MUERTE  SABE A BLUES

No soy muy aficionada al género de novela negra, leo básicamente historia, ensayos y biografías, También disfruto con la novela histórica. Con este me divertí bastante y el segundo ¡ENTRE LAS HOJAS MUERTAS! lo tengo en lista de espera



A raíz de ésto, el año pasado decidí que me dedicaría a descubrir a escritores nuevos. Ahora conozco tantos que no doy a basto, algunos ejemplares los compro y otros me los descargo gratis ¡ojo! siempre que se pueda, pienso que es duro...aunque se haga por afición, trabajar tanto para que la recompensa sea solo que les leamos, sin que a ellos les reporte ningún beneficio económico.










Una vez metida de lleno... el siguiente libro que me gustó fue el de María José Moreno, BAJO LOS TILOS, hace poco lo he recibido en mi domicilio firmado por la autora. Lo he leído dos veces, la primera en la tablet y la segunda en papel, para mí la diferencia es enorme, me quedo con el último.





Aún no lo había acabado cuando ella misma recomendó de Josep Capsir, LAS LEYES DE HERMÓGENES,  pero no me lo podía descargar, así es que contacté con él y me lo hizo llegar en pdf, aquello me impresionó gratamente y el día 23 de Abril, festividad de Sant Jordi, me fui a Barcelona para que me firmara el libro que presentaba. No pensaba que los escritores podían ser tan cercanos, me había acostumbrado a verlos en los medios de comunicación y alguna vez firmando; solo levantaban la cabeza para preguntar a la persona que tenían delante el nombre y supongo que poniendo a todos la misma dedicatoria. Ese mismo día antes de acudir a conocer a Josep Capsir, pude comprobar como una señora que el único mérito que tenía era salir en la televisión vistiendo glamour, firmaba su libro y tenía tanta gente esperando que me fui bastante enfadada, pensando no volver nunca más, pues a su lado se encontraban buenos autores y nadie les hacía caso.


Desde entonces son ya bastantes los libros que he leído, algunos me han gustado mucho, otros se me han atragantado y los he dejado, cosa que no solía hacer, pero me he dado cuenta que es una pérdida de tiempo cuando hay tantos buenos esperando.
Una de las cosas que más me ha llamado la atención es ver como se ayudan entre ellos, se hacen publicidad unos a otros o ellos mismos, tan diferente de esos otros famosos engreídos que les molesta cuando un novato alcanza el éxito y no digo lo de novato en sentido despectivo (como un día escuché decir a uno de los que están en la colina) al contrario tienen toda mi admiración. Espero que a estos nuevos autores no se les suba el éxito a la cabeza.





La semana pasada conocí a Lola Mariné, de la que ya he leído tres de sus historias, me ha parecido una persona cercana y nada prepotente. He podido hablar con ella de tú a tú y me he dado cuenta de que tenemos varias cosas en común, además de la lectura.
Pasamos una mañana como lo hacen dos amigas y eso visto desde mi perspectiva de lectora es alentador.



De Mercedes Pinto Maldonado, también he leído cuatro de sus libros, aunque todos me han gustado, me quedo con Maldita.
Quizás quien la haya leído pueda pensar que es una historia un poco irreal, pero a mí me resultó muy tierna.
Solo conozco a la escritora a través de Facebook y algún que otro mensaje privado, pero alguna vez me gustaría poder encontrarla personalmente.



La Interpretadora de Sueños, me situó en Praga donde hacía pocos meses había pasado mis vacaciones, me lo prestó una amiga y por supuesto ahora lo tengo. Ha sido uno de los que me he regalado en Navidad y Reyes.
Tampoco conozco a Rafael R. Costa. No sé si alguna vez se acercará por Barcelona, pero si es así, allí estaré.

Por si tenía pocos en mi biblioteca, ahora mi tablet está cargada de libros. Primero los leo y los que me gustan en cuanto puedo se los pido a sus autores y me encanta cuando el cartero me los entrega.
Aunque la tablet me acompaña muchas veces, sigo eligiendo el libro en papel.